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24 de octubre de 2022

24/10/2022: Corazón de campeón: como en una fábula, el Boca de Hugo Ibarra se sobrepuso a todo para consagrarse

El DT xeneize se forjó a partir de errores, apuestas y un perfil relajado desde el vamos. Este cuento comienza así: Juan Román Riquelme echa a Sebastián Battaglia a través del Consejo de Fútbol, en una estación de servicio, después de que el máximo ganador del club se quejara públicamente por la falta de refuerzos.
Por: Juan Butvilofsky

Acto seguido, asume Hugo Ibarra, quien desplaza al capitán Carlos Izquierdoz antes del clásico contra San Lorenzo.

El capítulo uno se parece a un incendio. Y es historia conocida. Marcos Rojo desafía públicamente a todos, dedicándole su gol al Cali. Y el equipo, que aún padecía la eliminación de la Copa Libertadores ante Cortinthians, era un Titanic a la deriva. Todos contra todos, como en aquel entre tiempo ante Racing, cuando Darío Benedetto trompeó a Carlos Zambrano…

Y entonces, ¿cómo hizo Ibarra para que la pesadilla sea sueño con final feliz? En realidad, ¿cómo hicieron los protagonistas para revertir el sainete que se veía en canales deportivos y hasta en los de espectáculos? Fácil. Se unieron. “En la cancha, como hermanos”, les gritó Riquelme de frente, en un hotel, para encolumnarlos.

  Ibarra en medio de los festejos por el campeonato. (Foto: Télam)

Ibarra en medio de los festejos por el campeonato. (Foto: Télam)

¿Alcanza con la unión grupal para obtener un campeonato? No. Hacen falta muchas otras cosas que el Boca campeón exhibió. Un arquero con nivel Qatar, orden defensivo durante la secuencia invicta que fue remontada, y oportunismo, el de Luca Langoni, quien aprovechó la chance que buscó desde pibe, y cada una de las chances que se generó jugando. Rossi Langoni, la síntesis de un equipo que fue fundamentalmente un estado de ánimo.

¿Y cuál fue la gran virtud de Ibarra, entonces? Saber escuchar. Su pasado de gloria, su corazón de campeón, finalmente contagiaron al resto. Riquelme lo había bendecido con la oportunidad de hacer, y el Negro, escoltado por Roberto Pompei y Leandro Gracián, asimiló cada mensaje que le dio el camino. El estilo “Bianchista” se hizo evidente. Eran formaciones diseñadas para vigilar el arco propio y después vemos qué hacemos. Y así, con triunfos fortuitos, como aquel ante Defensa y Justicia, u otros merecidos, como aquel en el Superclásico, la moral del grupo se hizo bandera. Fue tal vez el aguante, el sobreponerse a todo, lo que explica la vuelta olímpica en la Bombonera.

 

¿Y cómo termina esta historia? Aún el final no está escrito. Boca debe jugar una semifinal de Copa Argentina y una Superfinal ante irse de vacaciones. Pero esta coronación tiene un valor especial, porque involucra a todos. A Riquelme y su consejo, que se tragaron los egos y no marginaron a Rossi cuando no les firmó el contrato, a Ibarra que nunca dudó de su plan, siempre cuestionado en el plano estético, y a los jugadores, que sumaron para el todo cuando todo era un infierno. Fue un logro colectivo, y el corazón de campeón como sello.

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